Sólo han sido espejismos….
Procedentes de un futbol europeo con mayor prestigio que el balompié mexicano, los estrategas españoles han entregado cuentas chatas en el futbol azteca, quedando a deber en los equipos que han dirigido.
El reciente caso es el de Paco Jémez, quien llegó como el deseado salvador del Cruz Azul, pero en su paso por La Máquina sólo ha tenido la mala fortuna de “descomponerla” aún más.
El equipo cementero sumó un nuevo fracaso al sumar su sexto torneo consecutivo sin clasificar a la Liguilla, desgastando más su prestigio.
La lista de estrategas, que han tenido sus noches tristes en México, empieza a alargarse.
Juanma Lillo, ahora asistente de Jorge Sampaoli en el Sevilla, dirigió en la Liga MX a Dorados, equipo que terminó descendiendo en su primera etapa en 1999.

José Mari Bakero, el ex jugador histórico del Barcelona y del Veracruz, probó su suerte como entrenador con Puebla, pero los malos resultados provocaron su cese en poco tiempo.

Jorge Vergara intentó revolucionar el futbol mexicano al traer a la dirección técnica de Chivas, al vasco Xabier Azkargorta, en el 2005, pero los resultados quedaron demasiado cortos con respecto a las expectativas. En 12 partidos sólo obtuvo 12 puntos.

Benito Floro es quizás el único entrenador que pasó por México entregando “números negros”, esto con el Monterrey, equipo al que le dio estabilidad e incluso lo clasificó a su primera Liguilla en torneos cortos.

Santos Laguna confió en el trabajo del español Paco Ayestarán, en el 2015, pero problemas de vestidor con los jugadores impidieron mejores números que 2 triunfos en 10 partidos.

Jaime Cuesta fue otro español que entrenó a un equipo mexicano de Primera División, estuvo al frente del Celaya, en 1997. Cuesta fue despedido luego de tener un penoso récord de 1 ganado, 5 empates y 6 derrotas.





